Tener un hijo debería ser siempre una decisión consensuada entre los dos miembros de la pareja, el resultado de una unión firme y segura. En algunas ocasiones se tienen hijos para unir la pareja y el resultado es justamente lo contrario. Y es que los hijos pueden hacer que esta relación se tambalee y que acabe rompiéndose si no es lo suficientemente sólida. Si dos no están bien entre ellos, el tercero complica aún más su relación.

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Cuando llega un recién nacido…

Cada persona sigue el río de su vida, construyendo su estilo de barco para seguir un rumbo concreto. En este viaje, con suerte encontrará otro barco que sigue la misma ruta y, después de navegar juntos, quizás decidirán compartir un solo barco para comenzar un viaje de pareja. Para que esto funcione, sin embargo, los dos capitanes deben estar en igualdad de condiciones, el viaje debe ser consensuado y el viaje debe hacerse conjuntamente, con la vista puesta en el futuro. Si se cumplen estas condiciones, quizás decidirán ampliar el barco de pareja y invitar a un hijo durante varios años. Él será un tiempo, pero después será necesario que se construya su propio barco con el que haya aprendido durante su viaje con sus padres.

Hay que tener en cuenta que la llegada de este hijo complica el viaje de pareja porque, aparte de cuidar delfill, si no quieren que el barco se deteriore y se hunda, también deberán decontinuar cuidando, manteniendo y reparando su barco de pareja, compartiendo aún el puente de mando, el rumbo y la emoción.

En este tramo del viaje en el que hay un hijo la mayoría de parejas se reparten las tareas. Se establece un “cuidador” principal, que se sumerge en el ritmo del recién llegado, en sus necesidades y en su bienestar. Esta inmersión, sin embargo, provoca una pérdida del yo, ya las necesidades propias quedan en un segundo plano, hasta el punto de que, a menudo, no se reconocen.

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Y esto suele notarse en la sexualidad: esta persona tiene menos ganas de mantener relaciones sexuales o no quiere tener hasta que todas las cosas “importantes” no están del todo terminadas, porque hasta entonces no se puede “concentrar”. El problema, sin embargo, es que todo suele ser más importante que eso. Y por este motivo es necesario que la pareja seduce y IMIM a quien hace de cuidador sin presionar, entendiendo que no todas las interacciones eróticas deben terminar en un acto sexual y en una penetración.

En estos casos lo que ocurre es que elcentro de atención del cuidador principal ya no es su pareja, sino el recién llegado. El hijo ocupa totsels sus pensamientos, preocupaciones e inquietudes. Y esto es normal, pero esto a menudo también implica un declive de la relación si los dos miembros de la pareja no toman conciencia de los riesgos que comportabolcar sólo en el hijo y olvidarse de cuidar de sí mismo y de la relación de pareja.

Mantener esta relación debe incluir los tres aspectos básicos que, en uno u otro nivel, toda pareja comparte. Estos son el compromiso, es decir, el pacto de unión, la intimidad y la pasión, es decir, la sexualidad y la afectividad en la pareja.

El nivel pasional es el más fácil de perder por el camino, ya que el cansancio y los nervios de los primeros años de vida del hijo pueden degenerar rápidamente la sexualidad. Pero debemos recordar que la sexualidad, que es una muestra de unión de la pareja, va más allá del sexo. No toda relación erótica debe ser sexual, ni toda relación sexual debe estar enfocada a la penetración. Tener una amplitud de conceptos con respecto a la sexualidad hará que seamos capaces de encontrar una alternativa favorable a cada situación.

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