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No se ha descubierto ninguna substancia que pueda rivalizar con el efecto estimulante que provoca el estar enamorado.

Así tan concluyentes se manifestaba la sexóloga estadounidense Helen Singer Kaplan, hace ya bastantes años, hablando del deseo sexual.

A pesar de que los humanos se han empeñado, desde el momento en que tienen conciencia de su humanidad, en buscar substancias que aumenten el deseo sexual, no existe ninguno que iguale la excitación sobre el deseo sexual provocado por el hecho de enamorarse.

Se sabe que el cerebro genera un incremento de substancias neurobioquímicas que actúan como un potentísimo cóctel excitante sobre el deseo y la conducta sexual del enamorado.

Una persona enamorada quiere, con una pasión liberada, alimentarse física y psicológicamente de quien es el objeto de su enamoramiento.

La potencia del enamoramiento es tan fuerte que los 5 sentidos se hallan en estado de alarma, activados y dirigidos cara la persona deseada, y todas y cada una de las áreas del cerebro están implicadas en este proceso: es la llamada humana que hace nuestra naturaleza ancestral para perpetuar la especie.

Desgraciadamente (o bien afortudamente), no obstante, el enamoramiento tiene fecha de caducidad: los estudiosos aseveran que sus efectos tienen una duración máxima que fluctúa entre los dieciocho y los treinta meses (el tiempo preciso para perpetuar la especie).

Después, la persona entra en un estado más relajado que le deja ahondar en la relación de pareja y decidir si el estabiliza o bien la rompe. Si bien el efecto del enamoramiento sobre el deseo sexual de cada persona es variable, este estado de activación cerebral va reduciendo con el tiempo, y termina alterando el deseo sexual. Se puede llegar a trastocar tanto que, aun, en ciertas personas, semeja que desaparezca:

  • “No tengo nada de ganas de tener relaciones íntimas”. Es entre las oraciones más escuchadas en la consulta de sexología.
  • “Quisiese regresar a sentir lo que sentía al principio de la relación”. Quien afirma esto es más la mujer que no el hombre; entonces vienen las explicaciones:
  • “Soy una persona joven, me agrada mi hombre y la quiero, mas no comprendo qué me pasa, pues meses atrás bien que tenía, de ganas, mas ya hace cierto tiempo que las he perdidas”.

De forma frecuente, lo que estas personas desearían es regresar a sentir lo que sentían, mas sin mudar su percepción y conducta actuales. Y esto ya no puede ser; solo sería de nuevo posible si se volviesen a enamorarse nuevamente.

Pues ahora que el cerebro ya no actúa bajo la repercusión neurobioquímica del enamoramiento, es preciso despertarlo, para sentir deseo sexual de una forma consciente.

Y este cambio es posible hacerlo si nos servimos de entre los fenómenos más auténticamente humanos: el erotismo.

El erotismo en la pareja

El erotismo es la capacidad siendo consciente de emplear la imaginación y los sentidos para activar el deseo con la promesa del placer que va a venir.

Podemos alentar una imaginación sensorialmente activa para lograr placer sexual?

La respuesta es positiva si decidimos dedicar tiempo y un tanto de energía a cultivar el deseo. De entrada, debemos dedicar a nuestra pareja un tiempo libre de obligaciones, a fin de regresar a gozar juntos de todos aquellos aspectos agradables que nos hicieron firmar el compromiso de continuidad en la relación. Debemos rememorar que el placer nos une al unísono que fortalece saludablemente los vínculos del compromiso.

Asimismo es esencial acrecentar las muestras físicas de cariño, obsequiándonos caricias: en verdad, entregarnos al tacto sin vincularlo a una finalidad sexual, lúcida el deseo. Si estimulamos el sentido del oído dando estrellato a las palabras dulces, a las oraciones tiernas, hacemos entre las caricias más profundas que puede percibir el cerebro humano y que además de esto estimulan el deseo.

Es interesante fortalecer la imaginación leyendo libros eróticos o bien mirando imágenes sensuales, o bien películas, que alimenten nuestro imaginario y asistan a enriquecerlo.

Charles Baudelaire afirmaba que el deseo sexual es un árbol milenario que vive nutriéndose del placer. De todas y cada una formas, es ineludible que llegue un instante en que esto no sea suficiente. Pero hay amor. Entonces, cuando la promesa del placer ya no enciende el calor del deseo, debemos explorar nuevos recursos. De ahora en adelante va a ser el amor, con la ayuda siendo consciente de la imaginación y los sentidos, quien va a encender la llama del deseo.

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